
Esta mañana me llama, para recordarme que era el cumpleaños de MS. Una excusa como otra cualquiera. Me echa de menos en su día a día, echa de menos mi voz. Al final me acaba diciendo que el domingo fueron al cine unos cuántos amigos, supongo que entre ellos está el otro. Ato cabos, cabos con los que me haría una soga si sigo sacando conclusiones.
Por la tarde la llamo, me sentí culpable por haberla cortado tan secamente por la mañana, me dice que no se encuentra bien, que está triste, que una cifra de seis dígitos como despedida y encontrar otro trabajo al cabo de tres semanas de haberla despedido la tienen sumida en un estado de ánimo deplorable. Reconozco que siento algo de compasión hacia ella, una compasión que ella no tuvo cuando me dejó en el peor momento económico y de autoestima de mi vida.
Soy un blando. 23:00 la llamo, no me coge el teléfono. Debe de estar hablando. 23:15 tampoco me lo coge. 23:30 idem. 23:58 soy un gilipollas del tamaño de Groenlandia. Y yo que pensaba "joder, está triste y yo voy y me alejo cuando peor lo está pasando"
Y una mierda.
No le pienso coger el teléfono nunca más en la vida.
¿Por qué seré tan tonto?
Y sobre todo ¿por qué siempre me pasa lo mismo?