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lunes, 7 de marzo de 2011

Los monos

Si los monos levantaran la cabeza...

Holandesita me dijo que sabía que volvería, que tarde o temprano mi ego acabaría ganando a mi pereza. Yo contuve un bostezo y la inercia de rascarme con una mano el culo y con la otra los huevos. Le dije, entre las lágrimas de haber reprimido el bostezo, que desconfiar de la agilidad, destreza y predisposición al trabajo de un Álvarez era como dudar de las matemáticas, la física y la química todo al mismo tiempo. Ella me miró divertida. Yo ya no pude aguantarme por más tiempo el bostezo.

Ni rascarme el culo.

Yo la amaba; la amaba bestialmente, preso de una pasión impredecible; la amaba como sólo aman las mascotas a sus amos, hubiera dado la vida por ella si me la hubiera pedido y yo estuviera en disposición de dársela, es decir, si en ese momento estuviera vivo y hubiera acabado de pagar mi hipoteca. Ella, por supuesto, me había dicho, como todas "yo te quiero pero sólo como amigo" y yo, como tantas otras veces, había intentado (sin éxito) suicidarme dando de merendar a mis sobrinos algo que llevara la etiqueta "verdura" o "pescado". Como el suicidio se me da bastante mal adopté la táctica que los maestros en el arte de la guerra llaman "del gusano asqueroso" y a mis cuarenta años acepté ser su amigo.

"Hasta Shrek tiene novia" me dijo un día mi gran colega Florencio. Yo le agasajé tan acertado comentario con un sartenazo en la cabeza (en la cocina) con una sartén antideslizante pero por la parte que contenía aceite hirviendo. Florencio se molestó y se fue de muy malos modos (gritando con los brazos en alto algo así como "que me matan"). Yo le abrí la puerta (o la ventana) y por allí salió como un pajarillo (el correcaminos) en busca de su destino. Los jueces dictaminaron que a Florencio se le daba bien el suicidio, mejor que a mí, por lo que me libré de la cárcel por "asesinubrio" y "por tenencia ilícita de un alma podrida".

Ella me llamó para decirme que salía con un troglodita antediluviano, probablemente devuelto a la vida por el mismo método que los dinosaurios de Jurassic Park, a mí me dio que se olvidaron de meterle en el cerebro o se "le" metieron por el culo y se quedó atascado en el intestino delgado y ahí lo dejaron. De eso hace ahora exactamente un año, la holandesita errante me llamó para decirme que era feliz y que yo era un mal amigo por no alegrarme.

Eres una hija de puta _ dije con gran dignidad

Estoy embarazada _ me dijo ella

Que te den por el culo, hija de puta (otra vez yo)

Que ignorante que eres, si te hiceran un exámen de ignorancia sacarías un cinco y medio.

Hay que reconocer que me había ganado, a esa respuesta era imposible rebatirla con un argumento con sentido. A esa ingeniosa frase sólo se le puede combatir meándose encima del interlocutor. Mearme en el auricular del teléfono me pareció una pérdida de tiempo (poética, eso sí, pero pérdida de tiempo al fin y al cabo).

¿Estás pensando en mearte en el teléfono?_preguntó.

Ignoro cómo podía conocerme tanto, ella también me amaba, ahora lo sabía, se había pasado todos estos meses conociendo lo que sentía mi alma, por eso me llamaba, porque quería darse una última oportunidad.

Qué bien me conoces, estoy impresionado, no imaginaba que me conocieras tan a fondo, yo tampoco he dejado de pensar ni un solo instante en ti. ¿Cómo has sabido lo que pensaba?_ dije.

Porque lo has dicho en voz alta, tarado. Siempre que pienso en que una vez (borracha) pensé en liarme contigo se me revuelven las tripas_ me dice con un deje algo que bien pudiera parecerse al cariño.

¿Se te revuelven las tripas? ¿Acaso sientes mariposas en el estómago?_ le pregunté yo.

Más bien cucarachas vivas en el estómago _ dijo ella.

Entendí que su amor por mí era un amor no aceptado por su subconsciente ni por el qué dirán de sus amigas, familia, vecinos, desconocidos, ascetas, sociólogos, psiquiatras, policía científica, cuerpo de bomberos, la humanidad en su conjunto, y entonces... mi amor se sintió redoblado y rejuvenecido.

Casémonos y huyamos a una lugar remoto y paradisíaco _ le dije.

Necesitas ayuda médica, Álvarez_ dijo su cándida alma a través de sus labios artificialmente esponjosos.

¿Eso significa un sí? _pregunté.

Colgó el teléfono. Me rasqué el culo y me meé en el teléfono que yacía inerte sobre la mesita de noche.
Volvió a llamar al cabo de cinco minutos. Cogí el teléfono con asco y me lo acerqué a la oreja pero separado de la cara.

Mira Álvarez,  creo que es mejor que dejemos de llamarnos_ dijo sin tener en cuenta que durante el último año habíamos hablado la friolera de dos veces. La de hacía cinco minutos y la de ahora.

Mira, holandesita, espero que tu niño tenga la cabeza igual de gorda que el padre. Y que prohíban las cesáreas y que la epidural sea agua con sal y que...

¿Tanto me odias?_ me dijo

Te odio tanto que me fundiría con el sol porque ya no puedo soportarlo_ dije.

Ella se quedó pensativa durante unos instantes, el silencio sonaba en mi pecho como una martillo neumático. Suspiró una o dos veces.

Joder, Álvarez, ¿tanto me quieres? _ preguntó.

Hubiera buscado trabajo por ti._ dije (Aunque no me hubiera presentado el primer día, pensé)